martes, 18 de abril de 2017
El silencio
Las palabras sin dueño deambulan por ahí, como los vagabundos que no tienen dónde dormir y han escogido las escaleras de una iglesia. Hacia la noche, las palabras tiritan. Piensan que hubieran estado mejor enredadas en el cabello de la que iba a ser su dueña, pero se quedaron deambulando por ahí. Ahora esperan refugiarse en la cornisa de una ventana cerrada, compartir la noche al lado de una lechuza. Por la mañana, algunas no sobrevivirán. Dejarán de ser palabras, el poema, el cuento o lo que fuera que hubieran podido ser.
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